Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios Nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.  Amen.

 

Acto de Contrición

Jesucristo, mi Dios y mi Salvador:  yo me arrepiento de corazón de todos los pecados que he cometido, porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno.  Propongo firmemente no volver a pecar.  Confió en que me perdonaras mis culpas y me llevaras a la vida eterna, porque ere bueno.  Amen.

 

Oración Preparatoria

Señor mío Jesucristo que nos invitas a tomar la Cruz y seguirte, caminando tu delante para darnos ejemplo:  danos tu luz y tu gracia al meditar en este Vía Crucis tus pasos para saber y querer seguirte.  Madre Dolorosa:  inspíranos los sentimientos de amor con que acompañaste en este camino de amargura a tu Divino hijo.  Amen.

 

PRIMERA ESTACION

JESUS ES CONDENADO A MUERTE

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Pilato mando sacar a Jesús y dijo a los judíos:  “Aquí tenéis a vuestro rey”. Pero ellos le gritaban:  “!Fuera, fuera, crucifícalo!”  Pilato les dice:  “Pero ¿cómo he de crucificar a vuestro rey?”  Respondieron los príncipes de los sacerdotes:  “Nosotros no tenemos mas rey que al Cesar”. Entonces se los entrego para que fuera crucificado (Juan 19, 14-16).

Jesús acepta la sentencia de muerte. Hoy Cristo es nuevamente condenado a muerte, maltratado y crucificado en cada uno de nosotros y en cada hombre, cada vez que pensamos mal, que hablamos precipitadamente, cuando enjuiciamos y condenamos sin justicia o nos movemos en el mundo obrando sin amor.  Recordemos las palabras del Evangelio:  “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lucas 6, 36).

Señor, que al recordar la condena injusta que tu sufriste, nos cuidemos de no condenar a los demás….

Después de cada estación se puede decir:

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

SEGUNDA ESTACION

JESUS CON LA CRUZ A CUESTAS

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Los judíos tomaron a Jesús y cargándole la cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario (Juan 19, 17).

La cruz es colocada sobre los hombros de Cristo y el debe llevarla hasta el Calvario. A pesar de su extrema debilidad, Jesús la recibe. También nosotros recibimos todos los días una cruz que debemos llevar. Y nuestra cruz no es de madera sino de pequeñas cosa que forman nuestro día:  trabajo, sufrimientos, nerviosismos, etc.  Recordemos las palabras del Evangelio:  “Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a si mismo, tome su cruz de cada día y sígame” (Lucas 9, 23).

Señor, concédenos, para hacernos dignos de ti, el saber aceptar nuestras cruces de cada día con amor.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

TERCERA ESTACION

JESUS CAE POR PRIMERA VEZ

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, u mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no apártela cara ni de los ultrajes ni de las salivas que me echaban (Isaías 50, 6).

Jesús cae. Muchos brazos se extienden hacia el, pero ninguno para ayudarlo. Son manos de hierro, manos pesadas prontas a golpear…  Muchas veces a lo largo de nuestro camino nos encontramos con personas que sufren, están desalentadas, abatidas por la pobreza y otros sufrimientos…  ¿Qué haremos nosotros para levantar al Cristo caído en las personas de aquellos que sufren o se encuentran solos?

Señor, todo aquel que camino, cae.  Que sepamos levantarnos y ayudemos a los demás a seguir caminando.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

CUARTA ESTACION

JESUS ENCUENTRA A SU SANTISIMA MADRE

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Una espada atravesara tu corazón (Lucas 2, 35).

Jesús encuentra a su madre en el camino. El sangra y ella tiene el espíritu traspasado por el dolor. Es un Encuentro de corazones unidos en la misma causa. El hombre constantemente se interroga sobre el sentido del dolor, de su validez en la vida humana. El dolor es condición esencial de vida. El crecimiento de la persona provoca a cada momento rupturas dolorosas que son indispensables para desarrollarse. Posiblemente, muy cerca de nosotros, entre los amigos, en nuestra misma casa tal vez alguien necesita de nuestros sacrificios, como testimonio de amor solidario.

Señor, que nosotros seamos para quienes nos rodean una presencia de paz, y un estimulo que aliente a seguir caminando…

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

QUINTA ESTACION

EL CIRINEO AYUDA A JESUS A LLEVAR LA CRUZ

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Cuando llevaban a Jesús al Calvario, detuvieron a un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para llevarla, detrás de Jesús (Lucas 23, 26).

Simón tomo sobre sus hombros la cruz para ayudar a nuestro Salvador en la obra de la Redención.  Nosotros al ayudar a nuestros hermanos, también colaboramos en la obra de la Redención. Cuando prestamos ayuda al prójimo en sus penas y apuros, es a Jesús a quien ayudamos a llevar su cruz. En nuestra familia, en nuestra comunidad, en nuestra colonia,  ¿somos capaces de regalar un poco de nuestro tiempo y de nuestro amor?  Recordemos el Evangelio:  “Tratad a los hombres como queréis que ellos os traten a vosotros. Si amáis a los que os aman, ¿qué méritos tendréis?” (Lucas 6, 27).

Señor, que sepamos donar un poco de nuestro tiempo y de nuestro amor a aquellos que lo necesitan.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

SEXTA ESTACION

LA VERONICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESUS

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Muchos se horrorizaban al verlo, tan desfigurado estaba su semblante que no tenia ya aspecto de hombre (Isaías 52, 14).

Jesús sangra por todas parte. Una mujer de entre el pueblo sale y limpia su rostro. Es una mujer valiente que afronta la situación cueste lo que cueste. Hoy el hombre no quiere sencillamente comprometerse con los valores mas comunes de la vida humana. Y así permitirnos que el mal prospere y que la injusticia triunfe;  el pecado se cierne sobre el mundo y no tenemos el valor de afrontar cristianamente la situación.

Señor, ayúdanos a ser también como la Verónica:  cristianos valerosos, para solidarizarnos con los que lloran y sufren.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

SEPTIMA ESTACION

JESUS CAE POR SEGUNDA VEZ

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Eran nuestros sufrimientos los que llevaba, nuestros dolores que le pesaban… Ha sido traspasado por nuestros pecados, deshecho por nuestras iniquidades… (Isaías 53, 4-5).

Jesús cayo. Todos los que caminamos, podemos caer.  Nosotros también caemos por causa de nuestra debilidad, por nuestra fragilidad, por no saber resistir. Pero, después de alguna falla, si alguien nos da una mano, podemos volver a levantarnos. ¿Tenemos esa actitud de bondad y de amor frente al que ha fallado o se encuentra desesperado por su situación?

Señor, que no nos desalentemos frente a los fracasos o debilidades, sino que sepamos levantarnos y sigamos caminando.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre.

 

OCTAVA ESTACION

JESUS CONSUELA A LAS PIADOSAS MUJERES

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Seguían a Jesús una gran multitud del pueblo y de mujeres, que se golpeaban el pecho y lloraban por el. Pero Jesús, volviéndose a ellas, les dijo:  “!Hijas de Jerusalén!, no lloréis por mi;  llorad mas bien por vosotras y por vuestros hijos” (Lucas 23, 27-28).

Jesús no pide compasión por el. De nada sirve lamentarse por los sufrimientos de los demás si no hacemos por ellos algo concreto. Cristo no se sometió a los sufrimientos para aparenta o pedir compasión. Cristo acepto el dolor y lo amo para ensenarnos que por la cruz y el dolor se llaga a la resurrección. Frente al dolor, lo importante es asumirlo y ayudar a los demás a superar los malos momentos, para que la alegría y el consuelo vuelvan a quienes lo necesitan. Cristo, frente a la viuda de Naim, no se limito solo a decirle:  “no llores”, sino que hizo algo muy concreto por ella, devolviéndole la vida a su hijo.

Señor, que nosotros sepamos asumir una actitud de fe, amor y esperanza frente a nuestro sufrimiento y al de los demás.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

NOVENA ESTACION

JESUS CAE POR TERCERA VEZ

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Venid a mi todos los que estáis cansados y oprimidos y yo os aliviare. Cargad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mi que soy manso y humilde de corazón, y encontrareis descanso para vuestras almas (Mateo 11, 28-29).

Pensando en Cristo maltratado…  nosotros nos escandalizamos.  Pero escenas semejantes ocurren todos los días. Cuantas veces nosotros mismos permanecemos indiferentes frente al sufrimiento de otros que están a nuestro lado, y nos escondemos o escabullimos por temor a comprometernos y tenderles una mano…  Y, ¿cuántas otras veces no habremos sido nosotros mismos causa de caída de otras personas / Recordemos que lo que hacemos al hermano lo estamos haciendo a Dios mismo.

Señor, que no seamos causa de tropiezo para los demás sino una mano amiga que alivie y levante.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

DECIMA ESTACION

JESUS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Llegados al lugar llamado Gólgota le dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel, pero el, habiéndolo gustado, no quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos a suerte (Mateo 27, 33).

Jesús termina de recorrer el camino que lo conduce hasta el lugar de su martirio final. Al llegar, es despojado de sus vestiduras ante la mirada angustiada e impotente de su madre. Jesús calla. No se queja ni se altera. Ha aceptado todo esto por amor. Nosotros en cambio, a veces aceptamos el dolor con los labios y cuando llega nos asustamos y nos volvemos atrás. Nos quejamos, nos alteramos y ponemos el grito en el cielo. Jesús nos dice:  “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”.

Señor, cuando el dolor nos toque y nos despoje de nuestro egoísmo y orgullo, que sepamos llenarnos de tu amor.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

DECIMA PRIMERA ESTACION

JESUS ES CLAVADO EN LA CRUZ

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron allí a Jesús y a dos malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda (Lucas 23, 34).

Ha llegado e momento mas doloroso de Cristo:  ser clavado en la cruz. A pesar de todo el odio y el desprecio, Jesús encuentra palabras de perdón para los responsables de su muerte:  “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Y para hacer mas palpable su perdón y amor nos regala a su Madre, para que ella nos guie hacia Dios. “He ahí a tu madre”. Una herencia de perdón y de amor. Cristo perdona, disculpa y dona lo mejor que tiene:  su Madre. No hay otro camino. El que ama de verdad, sabe perdonar, disculpar…  Cristo perdono porque amo. Ese es nuestro camino si nos consideramos hijos de Dios, unos cristianos.

Señor, que tengamos el valor de saber perdonar siempre y a todos.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

DECIMA SEGUNDA ESTACION

JESUS MUERE EN LA CRUZ

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Hacia la hora sexta, las tinieblas cubrieron la tierra hasta la hora nona. El sol se eclipso y el velo del Templo se rasgo por medio. Y Jesús, con fuerte voz dijo:  “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y al decir esto, expiro (Lucas 23, 44-46).

Jesús finaliza su misión.  Muere para salvarnos, para quitar de nosotros la muerte eterna merecida por el pecado. Ahora, la muerte y el dolor se hacen llevaderos porque Cristo los venció. Después de la cruz llega la gloria. El dolor de Cristo nos redime, nos hace mas humanos y nos lleva a comprender mejor el misterio de Dios.

Señor, ayúdanos a comprender que morir no es quedar muertos, sino vivir plenamente.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

DECIMA TERCERA ESTACION

JESUS EN LOS BRAZOS DE MARIA SANTISIMA

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.  Amen.

Un hombre llamado José, el cual era del Consejo, hombre bueno y justo, de Arimatea, ciudad judía, quien esperaba también el Reino de Dios, que no había estado de acuerdo en la resolución de ellos, en sus actos, fue a ver a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Después lo bajo y lo amortajo en una sabana (Lucas 23, 50-53).

 Jesús es descolgado de la cruz. María recibe en sus brazos a Jesús. María sufre por la muerte de su Hijo y por otra parte se alegra porque la muerte de su Hijo da vida a la nueva Humanidad, a la humanidad redimida. El Hijo inocente muere para dar vida y salvar al hijo que estaba perdido. Cristo nos salva muriendo por nosotros. María acepta el dolor de recibir muerto a su Hijo. Y en su Hijo, nacemos o volvemos a vivir todos nosotros.

Señor, que el dolor por quienes amamos nos lleve a comprender y amar a aquellos que están lejos de nosotros.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

DECIMA CUARTA ESTACION

JESUS ES PUESTO EN EL SEPULCRO

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

José tomo el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sabana limpia, y lo deposito en su propio sepulcro nuevo, que había hecho cavar en la roca. Hizo rodar una piedra grande a la puerta del sepulcro y se retiro (Mateo 27, 59-60).

 Jesús no tuvo ni siquiera un sepulcro donde descansar.  Necesito de sus amigos para que le prestaran una tumba.  Allí fue enterrado esperando la gloriosa resurrección, el final de todo camino doloroso.  Pero Jesús, como lo había prometido, no se queda en la tumba fría. Resucita glorioso, dando así un sentido de esperanza a toda muerte. Como Jesús, no estamos condenados a permanecer muertos sino a vivir para siempre porque Cristo resucito y nosotros un día también resucitaremos como el.

Señor, que no tengamos miedo de morir porque la muerte es un paso a la Vida que eres tu.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

 

Oración Final

Se dice un Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre, según las intenciones del Sumo Pontífice. Después se añade:

Señor Jesús, hemos llegado al final de este camino doloroso que tu recorriste. Ahora levantamos nuestra vista y te vemos suspendido en la cruz, con las manos y los pies traspasados por los clavos y con la cabeza coronada de espinas.

 Sabemos, Señor Jesús, que tu sufrimiento es el fruto de tu infinito amor por nosotros. Tu agonizas y mueres por nosotros.

 Haz que también nosotros te amemos mucho, para que vivamos fielmente a tu pasión y muerte y jamás nos separemos de ti por el pecado. Te lo pedimos por los dolores de tu Madre la Virgen María. Amen.

 

Despedida

Guía:  “No teman:  se que buscan al crucificado. No esta aquí:  ha resucitado, como lo había dicho. Vayan aprisa a decir a sus discípulos:  ha resucitado”.

 

 

Canto

PERDONA A TU PUEBLO

Perdona a tu pueblo, Señor,

perdona a tu pueblo, perdónalo, Señor.

Por tus profundas llagas crueles,

por tus salivas y por tus hieles, perdónalo, Señor.

Por las heridas de pies y manos,

por los azotes tan inhumanos, perdónalo, Señor.

Por los tres clavos que te clavaron,

por las espinas que te punzaron, perdónalo, Señor.

Por las tres horas de tu agonía,

en que por Madre diste a María, perdónalo, Señor.

Por la abertura de tu costado,

no estés eternamente enojado, perdónalo, Señor.

 

Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios Nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.

 

Acto de Contrición

Jesucristo, mi Dios y mi Salvador:  yo me arrepiento de corazón de todos los pecados que he cometido, porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno.  Propongo firmemente no volver a pecar.  Confió en que me perdonaras mis culpas y me llevaras a la vida eterna, porque ere bueno. Amen.

 

Oración Preparatoria

Señor mío Jesucristo que nos invitas a tomar la Cruz y seguirte, caminando tu delante para darnos ejemplo:  danos tu luz y tu gracia al meditar en este Vía Crucis tus pasos para saber y querer seguirte.  Madre Dolorosa:  inspíranos los sentimientos de amor con que acompañaste en este camino de amargura a tu Divino hijo. Amen.

 

PRIMERA ESTACION

JESUS ES CONDENADO A MUERTE

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Pilato mando sacar a Jesús y dijo a los judíos:  “Aquí tenéis a vuestro rey”. Pero ellos le gritaban:  “!Fuera, fuera, crucifícalo!” Pilato les dice:  “Pero ¿cómo he de crucificar a vuestro rey?”  Respondieron los príncipes de los sacerdotes:  “Nosotros no tenemos mas rey que al Cesar”. Entonces se los entrego para que fuera crucificado (Juan 19, 14-16).

Jesús acepta la sentencia de muerte. Hoy Cristo es nuevamente condenado a muerte, maltratado y crucificado en cada uno de nosotros y en cada hombre, cada vez que pensamos mal, que hablamos precipitadamente, cuando enjuiciamos y condenamos sin justicia o nos movemos en el mundo obrando sin amor. Recordemos las palabras del Evangelio:  “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lucas 6, 36).

Señor, que al recordar la condena injusta que tu sufriste, nos cuidemos de no condenar a los demás….

Después de cada estación se puede decir:

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

SEGUNDA ESTACION

JESUS CON LA CRUZ A CUESTAS

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Los judíos tomaron a Jesús y cargándole la cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario (Juan 19, 17).

La cruz es colocada sobre los hombros de Cristo y el debe llevarla hasta el Calvario. A pesar de su extrema debilidad, Jesús la recibe. También nosotros recibimos todos los días una cruz que debemos llevar. Y nuestra cruz no es de madera sino de pequeñas cosa que forman nuestro día:  trabajo, sufrimientos, nerviosismos, etc. Recordemos las palabras del Evangelio:  “Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a si mismo, tome su cruz de cada día y sígame” (Lucas 9, 23).

Señor, concédenos, para hacernos dignos de ti, el saber aceptar nuestras cruces de cada día con amor.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

TERCERA ESTACION

JESUS CAE POR PRIMERA VEZ

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, u mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no apártela cara ni de los ultrajes ni de las salivas que me echaban (Isaías 50, 6).

Jesús cae. Muchos brazos se extienden hacia el, pero ninguno para ayudarlo. Son manos de hierro, manos pesadas prontas a golpear…  Muchas veces a lo largo de nuestro camino nos encontramos con personas que sufren, están desalentadas, abatidas por la pobreza y otros sufrimientos…  ¿Qué haremos nosotros para levantar al Cristo caído en las personas de aquellos que sufren o se encuentran solos?

Señor, todo aquel que camino, cae.  Que sepamos levantarnos y ayudemos a los demás a seguir caminando.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

CUARTA ESTACION

JESUS ENCUENTRA A SU SANTISIMA MADRE

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Una espada atravesara tu corazón (Lucas 2, 35).

Jesús encuentra a su madre en el camino. El sangra y ella tiene el espíritu traspasado por el dolor. Es un Encuentro de corazones unidos en la misma causa. El hombre constantemente se interroga sobre el sentido del dolor, de su validez en la vida humana. El dolor es condición esencial de vida. El crecimiento de la persona provoca a cada momento rupturas dolorosas que son indispensables para desarrollarse. Posiblemente, muy cerca de nosotros, entre los amigos, en nuestra misma casa tal vez alguien necesita de nuestros sacrificios, como testimonio de amor solidario.

Señor, que nosotros seamos para quienes nos rodean una presencia de paz, y un estimulo que aliente a seguir caminando…

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

QUINTA ESTACION

EL CIRINEO AYUDA A JESUS A LLEVAR LA CRUZ

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Cuando llevaban a Jesús al Calvario, detuvieron a un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para llevarla, detrás de Jesús (Lucas 23, 26).

Simón tomo sobre sus hombros la cruz para ayudar a nuestro Salvador en la obra de la Redención.  Nosotros al ayudar a nuestros hermanos, también colaboramos en la obra de la Redención. Cuando prestamos ayuda al prójimo en sus penas y apuros, es a Jesús a quien ayudamos a llevar su cruz. En nuestra familia, en nuestra comunidad, en nuestra colonia,  ¿somos capaces de regalar un poco de nuestro tiempo y de nuestro amor?  Recordemos el Evangelio:  “Tratad a los hombres como queréis que ellos os traten a vosotros. Si amáis a los que os aman, ¿qué méritos tendréis?”  (Lucas 6, 27).

Señor, que sepamos donar un poco de nuestro tiempo y de nuestro amor a aquellos que lo necesitan.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

SEXTA ESTACION

LA VERONICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESUS

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.  Amen.

Muchos se horrorizaban al verlo, tan desfigurado estaba su semblante que no tenia ya aspecto de hombre (Isaías 52, 14).

Jesús sangra por todas parte. Una mujer de entre el pueblo sale y limpia su rostro. Es una mujer valiente que afronta la situación cueste lo que cueste. Hoy el hombre no quiere sencillamente comprometerse con los valores mas comunes de la vida humana. Y así permitirnos que el mal prospere y que la injusticia triunfe;  el pecado se cierne sobre el mundo y no tenemos el valor de afrontar cristianamente la situación.

Señor, ayúdanos a ser también como la Verónica:  cristianos valerosos, para solidarizarnos con los que lloran y sufren.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

SEPTIMA ESTACION

JESUS CAE POR SEGUNDA VEZ

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Eran nuestros sufrimientos los que llevaba, nuestros dolores que le pesaban… Ha sido traspasado por nuestros pecados, deshecho por nuestras iniquidades…  (Isaías 53, 4-5).

Jesús cayo. Todos los que caminamos, podemos caer.  Nosotros también caemos por causa de nuestra debilidad, por nuestra fragilidad, por no saber resistir. Pero, después de alguna falla, si alguien nos da una mano, podemos volver a levantarnos. ¿Tenemos esa actitud de bondad y de amor frente al que ha fallado o se encuentra desesperado por su situación?

Señor, que no nos desalentemos frente a los fracasos o debilidades, sino que sepamos levantarnos y sigamos caminando.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

OCTAVA ESTACION

JESUS CONSUELA A LAS PIADOSAS MUJERES

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Seguían a Jesús una gran multitud del pueblo y de mujeres, que se golpeaban el pecho y lloraban por el. Pero Jesús, volviéndose a ellas, les dijo:  “!Hijas de Jerusalén!, no lloréis por mi;  llorad mas bien por vosotras y por vuestros hijos” (Lucas 23, 27-28).

Jesús no pide compasión por el. De nada sirve lamentarse por los sufrimientos de los demás si no hacemos por ellos algo concreto. Cristo no se sometió a los sufrimientos para aparenta o pedir compasión. Cristo acepto el dolor y lo amo para ensenarnos que por la cruz y el dolor se llaga a la resurrección. Frente al dolor, lo importante es asumirlo y ayudar a los demás a superar los malos momentos, para que la alegría y el consuelo vuelvan a quienes lo necesitan. Cristo, frente a la viuda de Naim, no se limito solo a decirle:  “no llores”, sino que hizo algo muy concreto por ella, devolviéndole la vida a su hijo.

Señor, que nosotros sepamos asumir una actitud de fe, amor y esperanza frente a nuestro sufrimiento y al de los demás.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

NOVENA ESTACION

JESUS CAE POR TERCERA VEZ

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Venid a mi todos los que estáis cansados y oprimidos y yo os aliviare. Cargad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mi que soy manso y humilde de corazón, y encontrareis descanso para vuestras almas (Mateo 11, 28-29).

Pensando en Cristo maltratado…  nosotros nos escandalizamos.  Pero escenas semejantes ocurren todos los días. Cuantas veces nosotros mismos permanecemos indiferentes frente al sufrimiento de otros que están a nuestro lado, y nos escondemos o escabullimos por temor a comprometernos y tenderles una mano…  Y, ¿cuántas otras veces no habremos sido nosotros mismos causa de caída de otras personas / Recordemos que lo que hacemos al hermano lo estamos haciendo a Dios mismo.

Señor, que no seamos causa de tropiezo para los demás sino una mano amiga que alivie y levante.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

DECIMA ESTACION

JESUS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Llegados al lugar llamado Gólgota le dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel, pero el, habiéndolo gustado, no quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos a suerte (Mateo 27, 33).

Jesús termina de recorrer el camino que lo conduce hasta el lugar de su martirio final. Al llegar, es despojado de sus vestiduras ante la mirada angustiada e impotente de su madre. Jesús calla. No se queja ni se altera. Ha aceptado todo esto por amor. Nosotros en cambio, a veces aceptamos el dolor con los labios y cuando llega nos asustamos y nos volvemos atrás. Nos quejamos, nos alteramos y ponemos el grito en el cielo. Jesús nos dice:  “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”.

Señor, cuando el dolor nos toque y nos despoje de nuestro egoísmo y orgullo, que sepamos llenarnos de tu amor.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

DECIMA PRIMERA ESTACION

JESUS ES CLAVADO EN LA CRUZ

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron allí a Jesús y a dos malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda (Lucas 23, 34).

Ha llegado e momento mas doloroso de Cristo:  ser clavado en la cruz. A pesar de todo el odio y el desprecio, Jesús encuentra palabras de perdón para los responsables de su muerte:  “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Y para hacer mas palpable su perdón y amor nos regala a su Madre, para que ella nos guie hacia Dios. “He ahí a tu madre”. Una herencia de perdón y de amor. Cristo perdona, disculpa y dona lo mejor que tiene:  su Madre. No hay otro camino. El que ama de verdad, sabe perdonar, disculpar…  Cristo perdono porque amo. Ese es nuestro camino si nos consideramos hijos de Dios, unos cristianos.

Señor, que tengamos el valor de saber perdonar siempre y a todos.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

DECIMA SEGUNDA ESTACION

JESUS MUERE EN LA CRUZ

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Hacia la hora sexta, las tinieblas cubrieron la tierra hasta la hora nona. El sol se eclipso y el velo del Templo se rasgo por medio. Y Jesús, con fuerte voz dijo:  “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y al decir esto, expiro (Lucas 23, 44-46).

Jesús finaliza su misión.  Muere para salvarnos, para quitar de nosotros la muerte eterna merecida por el pecado. Ahora, la muerte y el dolor se hacen llevaderos porque Cristo los venció. Después de la cruz llega la gloria. El dolor de Cristo nos redime, nos hace mas humanos y nos lleva a comprender mejor el misterio de Dios.

Señor, ayúdanos a comprender que morir no es quedar muertos, sino vivir plenamente.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

DECIMA TERCERA ESTACION

JESUS EN LOS BRAZOS DE MARIA SANTISIMA

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

Un hombre llamado José, el cual era del Consejo, hombre bueno y justo, de Arimatea, ciudad judía, quien esperaba también el Reino de Dios, que no había estado de acuerdo en la resolución de ellos, en sus actos, fue a ver a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Después lo bajo y lo amortajo en una sabana (Lucas 23, 50-53).

 Jesús es descolgado de la cruz. María recibe en sus brazos a Jesús. María sufre por la muerte de su Hijo y por otra parte se alegra porque la muerte de su Hijo da vida a la nueva Humanidad, a la humanidad redimida. El Hijo inocente muere para dar vida y salvar al hijo que estaba perdido. Cristo nos salva muriendo por nosotros. María acepta el dolor de recibir muerto a su Hijo. Y en su Hijo, nacemos o volvemos a vivir todos nosotros.

Señor, que el dolor por quienes amamos nos lleve a comprender y amar a aquellos que están lejos de nosotros.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

DECIMA CUARTA ESTACION

JESUS ES PUESTO EN EL SEPULCRO

Guía:  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:  Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amen.

José tomo el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sabana limpia, y lo deposito en su propio sepulcro nuevo, que había hecho cavar en la roca. Hizo rodar una piedra grande a la puerta del sepulcro y se retiro (Mateo 27, 59-60).

 Jesús no tuvo ni siquiera un sepulcro donde descansar.  Necesito de sus amigos para que le prestaran una tumba.  Allí fue enterrado esperando la gloriosa resurrección, el final de todo camino doloroso.  Pero Jesús, como lo había prometido, no se queda en la tumba fría. Resucita glorioso, dando así un sentido de esperanza a toda muerte. Como Jesús, no estamos condenados a permanecer muertos sino a vivir para siempre porque Cristo resucito y nosotros un día también resucitaremos como el.

Señor, que no tengamos miedo de morir porque la muerte es un paso a la Vida que eres tu.

Guía:  Señor, peque, ten misericordia de mi.

Todos:  Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

 

Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre

 

 

Oración Final

Se dice un Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria al Padre, según las intenciones del Sumo Pontífice. Después se añade:

Señor Jesús, hemos llegado al final de este camino doloroso que tu recorriste. Ahora levantamos nuestra vista y te vemos suspendido en la cruz, con las manos y los pies traspasados por los clavos y con la cabeza coronada de espinas.

 Sabemos, Señor Jesús, que tu sufrimiento es el fruto de tu infinito amor por nosotros. Tu agonizas y mueres por nosotros.

 Haz que también nosotros te amemos mucho, para que vivamos fielmente a tu pasión y muerte y jamás nos separemos de ti por el pecado. Te lo pedimos por los dolores de tu Madre la Virgen María. Amen.

 

Despedida

Guía:  “No teman:  se que buscan al crucificado. No esta aquí:  ha resucitado, como lo había dicho. Vayan aprisa a decir a sus discípulos:  ha resucitado”.

 

 

Canto

PERDONA A TU PUEBLO

Perdona a tu pueblo, Señor,

perdona a tu pueblo, perdónalo, Señor.

Por tus profundas llagas crueles,

por tus salivas y por tus hieles, perdónalo, Señor.

Por las heridas de pies y manos,

por los azotes tan inhumanos, perdónalo, Señor.

Por los tres clavos que te clavaron,

por las espinas que te punzaron, perdónalo, Señor.

Por las tres horas de tu agonía,

en que por Madre diste a María, perdónalo, Señor.

Por la abertura de tu costado,

no estés eternamente enojado, perdónalo, Señor.